Los líderes de la Unión Europea se reunirán esta semana con sus homólogos de Japón y China en un intento de reforzar la cooperación en materia de defensa y comercio con Tokio, aunque con expectativas mucho más limitadas en su visita a Pekín. Europa mira a Asia en medio de la negociación arancelaria con EE.UU., con el final del plazo impuesto por Trump mucho más cerca.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el nuevo presidente del Consejo Europeo, António Costa, iniciarán su gira en Asia este miércoles, cuando se encontrarán en Tokio con el primer ministro japonés Shigeru Ishiba. El jueves, la delegación europea se desplazará a Pekín para reunirse con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang.
En Japón, se prevé la firma de acuerdos centrados en la cooperación en la industria de defensa y la seguridad económica. Según funcionarios europeos, la visita busca consolidar la relación con lo que describen como “nuestro socio estratégico más cercano en la región Indo-Pacífica”. Está previsto que se anuncien iniciativas en defensa, política industrial, competitividad empresarial, manipulación extranjera y cooperación con países del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP).
Uno de los puntos más destacados será el lanzamiento de una “alianza por la competitividad” entre Japón y la UE, y un proyecto conjunto para el desarrollo de una red satelital a gran escala, con el objetivo de reducir la dependencia de empresas estadounidenses como SpaceX, según publicó el diario Nikkei.
En contraste, la cita en Pekín no contempla la firma de acuerdos ni una declaración conjunta. Las expectativas son bajas y, según fuentes europeas, el objetivo es únicamente mantener un diálogo “franco, directo, sustancial y constructivo”. Bruselas espera expresar sus preocupaciones por el desequilibrio económico con China y exigir medidas para corregir una relación comercial considerada insostenible.
Las relaciones entre la UE y China se han tensado desde la pandemia, y han empeorado aún más debido al apoyo de Pekín a Moscú. La reciente imposición de sanciones europeas contra dos bancos chinos y cinco empresas con sede en China, por colaborar con la industria militar rusa, ha generado una respuesta airada por parte de Pekín, que prometió proteger a sus empresas.
Otro punto de fricción es el creciente superávit comercial chino, que alcanzó un récord de casi 143.000 millones de dólares en el primer semestre del año. Además, la decisión de China en abril de limitar las exportaciones de imanes de tierras raras causó alarma en la industria automotriz europea, generando dudas sobre la fiabilidad de Pekín como socio.
Von der Leyen ya había acusado a China de “instrumentalizar” el suministro de minerales críticos en la cumbre del G7 el mes pasado.
Por otro lado, Japón y la UE han intensificado su cooperación en seguridad. El mes pasado celebraron su primer diálogo de defensa, y se espera que durante la cumbre en Tokio expresen una postura conjunta contra cualquier intento de cambiar el statu quo en el estrecho de Taiwán por la fuerza o la coerción, en alusión directa a China.
Ambas partes también discutirán sus respectivas negociaciones arancelarias con Estados Unidos. Japón, cuyo gobierno sufrió una dura derrota electoral recientemente, enfrenta presiones internas para llegar a un acuerdo con Washington antes del 1 de agosto, fecha límite en la que podrían entrar en vigor nuevos aranceles estadounidenses.




